No hay duda que en China se están sucediendo importantes cambios, especialmente en el ámbito económico y social, desde que Deng Xiaoping, con su famosa consigna de que "no importa el color del gato, sino que cace ratones", inició, hace cuatro décadas, el proceso de apertura de ese gigante asiático hacia la economía de mercado, en un esfuerzo por sacar a esa sociedad de la crisis económica y social, heredada
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La Primavera Árabe señaló el camino de la libertad para varios países del Norte de África y Oriente Medio desde el año pasado, con intentos aún no resueltos en otros.
Así aconteció en Túnez donde se depuso al dictador Ben Ali; en Libia con la destitución y muerte de Gaddafi; en Egipto con la caída de Mubarak; en Yemen con la destitución de Saleh; y está pendiente en Siria la evolución final que dará al traste con el régimen del sanguinario Bashar Al Assad, quien mantiene una férrea represión a los movimientos de resistencia, causando ya más de 8.000 asesinatos.
Frente a esta ola de lucha contra los autoritarismos, comienza a plantearse la posibilidad de que esa tendencia libertaria puede acelerar los cambios políticos que muy tímidamente se asoman en China y que en 1989, tuvieron su manifestación emblemática en las protestas juveniles de la histórica Plaza de Tianamen, fuertemente reprimidas, con saldo que se estima entre 400 a 800 muertos, y más recientemente en el movimiento campesino de Wukan que, en diciembre del año pasado, provocó la destitución del gobierno local presidido por corruptos jerarcas comunistas, para lograr a principios de este mes de marzo, elegir libremente a las autoridades de ese pequeño municipio del sur del país, en lo que han sido las primeras elecciones democráticas de China.
No hay duda que en China se están sucediendo importantes cambios, especialmente en el ámbito económico y social, desde que Deng Xiaoping, con su famosa consigna de que "no importa el color del gato, sino que cace ratones", inició, hace cuatro décadas, el proceso de apertura de ese gigante asiático hacia la economía de mercado, en un esfuerzo por sacar a esa sociedad de la crisis económica y social, heredada de los fallidos experimentos de ingeniería social ensayados por Mao Zedong. Los cambios impulsados inicialmente por Zhao Siyang como primer ministro y liderados por Den Xiaoping se han continuado en China con una visión pragmática por sus sucesores Jian Zeming, quien abogaba por una "economía socialista de mercado", y posteriormente y hasta el presente por Hu Jintao, quien ha logrado convertir a la economía china en la cuarta más poderosa del mundo.
Conviene observar que las reformas que se han venido adelantando en China, luego de la época maoísta, parecen reflejar principios de la milenaria filosofía de Confusio que pregona que el trabajo y el estudio son los pilares fundamentales del progreso. Por ello China aparece como un valioso ejemplo de cómo con profundas transformaciones en la educación y el empeño de toda la sociedad para lograr esos cambios, se puede asegurar un proceso sostenido de desarrollo y competir exitosamente en los mercados globales.
Cabe destacar que China tiene varias de sus universidades colocadas entre las primeras en el ranking de esas instituciones a nivel mundial y se ha incentivado, sin complejos, el desarrollo de universidades privadas que, ya para 2002 representaban el 40% de las universidades del país, entre ellas la Universidad Xian Fany'i, con metas de convertirse en la "Harvard del Oriente".
El país ha mantenido un continuo crecimiento económico desde que se iniciaron las reformas y ya para 2000 había logrado incrementar su PIB a 8.9 billones de yuanes (más de un billón de dólares), cuando el mismo para 1952 apenas alcanzaba la cifra de 67 mil 900 millones de yuanes. En la actualidad China es el mayor productor mundial de acero, carbón, cemento, cereales, carne y algodón y ocupa el segundo mayor destino para la inversión externa directa.
China, debe sin embargo, enfrentar el reto de asegurar la continuidad de su progreso pero con mayor libertad, profundización de las reformas sociales, y transparencia para combatir la elevada corrupción que caracteriza a ese país. Su dirigencia política debe administrar con sensatez los cambios que se avizoran en la ocasión del XVIII Congreso del Partido Comunista, a celebrarse el próximo mes de octubre; en el que está planteado igualmente el relevo de Hu Jintao y del primer ministro Wen Jiabao, frente a la aspiración de poder de una nueva generación de dirigentes que, obviamente, no estuvieron involucrados en los inicios de las reformas impulsadas con la visión de Deng Xiaoping y sus seguidores, por lo que se comenta que este encuentro va a representar el más significativo cambio en el liderazgo político de ese país, desde el acontecido a raíz de la muerte de Mao Zedong en 1976.
Las contradicciones internas comienzan a surgir con los intentos de retomar la retórica maoísta que han sido repelidos por el primer ministro Wen, advirtiendo que esta corriente podría retrotraer al país a los dramáticos tiempos de la Revolución Cultural. Sin embargo, todo parece indicar que el nuevo liderazgo va a estar en manos del actual vicepresidente Xi Jinping, pupilo de Jian Zeming, lo que seguramente será garantía de la profundización de las reformas, cuya tendencia apunta a convertir a China, en las próximas décadas en la primera economía a nivel global y probablemente a que ese país, con paciencia asiática, logre incorporarse a la institucionalidad democrática.
Es de esperar que esos cambios no tomen demasiado tiempo, para que pueda lograr su libertad. El poeta y premio Nobel Liu Xiaobo, quien desde 2009 purga condena de 11 años en Beijing, "por subversivo", solo por haber hecho público un manifiesto exigiendo para su país elecciones libres, división de poderes y respeto a los derechos humanos.
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